Revista | Open Trujillo

CARNAVAL DE CHAVÍN

Por: Erick Aquino Montoro (Fotógrafo, Realizador Audiovisual y Consultor en Ecoturismo).

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La “Zona de los Conchucos” también denominada “Callejón de Conchucos”, alberga algunos de los pueblos más pintorescos. Destaca de manera especial el pueblo de Chavín, ubicado entre los ríos “Mosna” y “Wacheksa”, y ocupa los territorios de la antigua civilización Chavín, declarada “Patrimonio de la Humanidad” desde el año 1985.

Con ese legado histórico de mucha trascendencia y renombre, “los chavinos” poseen una serie de fiestas y costumbres, siendo una de las más importantes las celebraciones de los carnavales que se celebran todos los años en el mes de febrero.

Para llegar a Chavín tiene dos alternativas. La primera es dirigiéndose desde el sur, desde Lima hasta el desvío hacia Cátac, o desde el norte, vía la carretera de Casma. En ambos casos hay que seguir el camino a Huaraz. Desde aquí se toma el desvío a Chavín, 66 km que atraviesan la Cordillera Blanca y pasan por el túnel de “Cahuish”, al decir de algunos, el más largo del Perú: 340m.

Las celebraciones actuales tienen su origen en las festividades de antaño como el “Día de las Comadres o Compadres”, que era una costumbre muy particular y servía para rechazar sutilmente a un pretendiente, dándole a entender que la amistad es lo más valioso.

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Se dice que en esta celebración desde muy temprano se escuchaba el sonido de las clásicas “tinyas” y “pincullos”, tradicionales instrumentos andinos. Por todas las entradas del pueblo ingresaban las cruces procedentes de algunos centros poblados como: Nunupata, Lanchán, Chacpar, Chichucancha, Ultupuquio, Baños Quercos, Chalhuayaco, Máchac, Shállapa, entre algunos. Estas cruces eran peculiares, se adornaban con bellas hojas de “huecllas” y flores silvestres, especialmente la “flor de la cantuta”, la “flor sagrada de los incas”. Nos cuentan también que las cruces más importantes del pueblo fueron tres: La de “Juchucushga”, la de “Shállapa” y la de “Wacheksa”.

Culminado este rito se iniciaba la fiesta de los carnavales. Se formaban comparsas y jolgorios acompañados de bailes y cánticos. Las celebraciones iban acompañadas de deliciosas viandas como el “jaca picanti”, o el “jamón con papas amarillas”, cuya degustación simbolizaba la amistad y la unión entre los vecinos.

Recordemos que el actual carnaval se ha nutrido de festividades andinas coloniales y también de sus antecedentes pre-colombinos, en cuyas fiestas se reunía la población en forma simultánea realizando un gran despliegue de colores, música, bailes y éxtasis de los participantes.

El carnaval chavino actual ya no tiene el carisma de antes, pero aún mantiene ciertos matices de alegría, de colores, de sabores y de convivencia pacífica que disipa algunos conflictos sociales. Resulta interesante apreciar las comparsas en torno a la plaza principal, particularmente alrededor del árbol adornado con un sinnúmero de presentes y coronado con una bandera peruana, símbolo del sentimiento patriótico. Al menos entre sonrisas, serpentinas y rostros embadurnados con talco, se disimula rastros de una cultura todavía marginada.

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Plaza Elevada




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