Revista | Open Trujillo

El Otro Señor GM

Por: Dante Ramos
Foto: Raúl Beryón

Por el fraseo uno piensa en Graña y Montero y su dueño José Graña, gran capitalista facción mercantilista, pero son las siglas de un director de teatro italiano que vivió en Trujillo desde los setentas. Todo lo contrario de ese otro GM

Vino huyendo espantado del golpe militar de Pinochet en Chile. Llego al Perú y recalo en Moquegua. Me hablo muy bien de ese lugar dulcero por excelencia y de sus soleadas calles vacías por las tardes. Allí enseño por un breve lapso

Giorgio Micchi Travia era su nombre y escenificaba obras de teatro. Nació en Milán y su casa se salvo de las bombas cuando Italia fascista era liberada por los americanos. Una bomba impacto en las escaleras y no estallo.

Sus obras realmente crudas en sus mensajes y puestas en escena eran de veras reveladoras. El era un partisano en Trujillo, sin dudas. Sus actores eran marcados a fuego por sus gestos y palabras. Solía visitar por las noches los cafés “D´ Marco” o “El Romano” en el Jr. Pizarro y tomaba imperturbable un café bien cargado. Negro, negrísimo. ¿Era escéptico y socialista o más que eso? No sé.

Un buen día o noche fui a verlo. Conversamos de todo y me cambio de giro. Me miro a fondo los ojos y me dijo: “tu generación se equivoca, ¿Qué es eso de luchar por mejorar la dieta del comedor universitario?. Eso es importante pero en mis épocas los estudiantes peleaban por causas mucho mayores”. Me observo como si yo estuviera refugiado en esas lides. El sabía que yo no era de izquierda, que me interesaban el cine y el teatro. Estudiaba derecho. Carrera a la que no le daba ningún interés por aburrirme a mares. El decía que el ser abogado era perderse en el sistema. No le discutía nada

Efectivamente mi generación se perdió en los marasmos del cortoplacismo, de tachar profesores o de cambiar de aulas o de horarios, es decir minimalismos. En la nada. Nadie veía mayores perspectivas. No se si nos asustó el terrorismo o la gran inflación de Alan García. Tal vez se debía a una nula formación desde casa o desde las escuelas primarias. Ya en la universidad tanto profesores como alumnos solo pensaban en ese “sálvese quien pueda” porque las huelgas retrasaban todos los sueños de mejoras propias o de conjunto.

Muy pocos se salvaron de vivir al día, de caminar hacia otras áreas. Gran parte de mi promoción de derecho se dedico a tareas en el mundo judicial o a instalar sus oficinas de defensa. Items que no impugno por supuesto. Son productivos y eso pesa.

En las reuniones de promoción no se habla más que de logros individuales o cuernos o almas rotas pero no de proyectos colectivos o para nuestros hijos en necesidad tal vez algunos de nosotros seamos padres de discapacitados o padecen algún drama terminal. No lo sabemos ya que somos inhibidos a esos temas vetados. Si lo dijéramos podríamos apoyarnos entre todos o desearíamos proyectarnos a gente más necesitada que uno.

Creo que tenemos miedo de encarar tales atmósferas. Es la fuerza de la costumbre. Es muy humano. Eso es lo que pasa.

Como le decía a ese otro señor GM nuestra generación es la de los “grandes altibajos”. O bien muy eufóricos o bien muy depresivos. Recuerdo que me dio la razón. Si alguno de nosotros cree en la reencarnación inmediata ya sabemos que tenemos una respuesta cercana en la que si podremos cumplir algunas pequeñas utopías dignas del Robinson Crusoe no individualista que hoy no somos.

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