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“ES NECESARIA LA UNIÓN DE EMPRESAS EN CHAVIMOCHIC”

Entrevista a Rafael Quevedo Flores. Ex Ministro de Agricultura

El Ingeniero Rafael Quevedo Flores fundador del Grupo Rocío, no oculta el orgullo de ser egresado de la Universidad Nacional Agraria, quién ha visto en el desierto subtropical del Proyecto Chavimochic, el lugar ideal para ejercer su gran sentido innovador y su inquieta curiosidad por conocer y aprender de la naturaleza.

Ing. Quevedo Usted tiene una larga experiencia como agrónomo, ¿desde cuando ejerce esta actividad?

Soy ingeniero agrónomo desde 1958, ingresé a la Escuela Nacional de Agricultura, mi promoción fue la transición a lo que es ahora la Universidad Nacional Agraria. No fue fácil, había muchos “desencuentros” entre profesores antiguos, jóvenes y el grupo del Tercio Estudiantil. A mí me tocó, con mucha suerte, ser el presidente de la “Revista Agronomía” que editaba la universidad, era un órgano básicamente de difusión de la universidad, ahí incluimos temas científicos. Esta revista se inició con nuestra promoción. Tuvimos un trabajo muy fuerte.

¿Cuándo empieza su labor como empresario?

Desde 1967. Creamos una micro empresa de tres personas: mi esposa (Gladys Berasteain Accinelli) Walter Lozano y yo. Empezamos criando dos mil pollos por mes, usted me preguntará ¿por qué pollos? Mi especialidad es nutrición animal, tuve un maestro admirable el Dr. Antonio Bacigalupo. Empecé administrando algunos fundos y luego de haber creado la primera integración avícola que se hizo en el Perú, aquí en Virú entre 1962 a 1966, es decir creamos plantas de alimento, incubación, crianza de pollos y ponedoras, empecé con mi propia empresa. En Virú nació también la primera granja en el desierto, hasta ese momento las granjas se instalaban en los valles. Tengo una experiencia muy interesante: en esos años traíamos viruta de Lima para la “cama” de los pollos, en uno de los fenómenos de lluvia del verano, se interrumpió la carretera. No teníamos abastecimiento de viruta. Se me ocurrió llevar arena y usarla como “cama”, fui a la duna de Purpur y recogí la arena de ahí. Hicimos el análisis que dio un resultado favorable, era completamente estéril. Usamos la arena y ¡sorpresa!, se murieron muchos pollos, habían comido arena. El gran error que cometimos fue poner primero la arena y después soltar los pollos.

Después aprendimos, por una idea de un trabajador (siempre hay que escuchar al trabajador, porque tienen ideas brillantes), me dijo: “ingeniero póngale papel de bolsa y ahí echamos la comida”. En el siguiente galpón estaba desanimado, pusimos el papel, colocamos la comida y los pollitos aprendieron a distinguir la comida de la arena.

¿Así nace entonces la avicultura en el desierto en el Perú?

Si, de la forma que le relato. Cuando vimos que la arena funcionaba, dijimos entonces porque tenemos que traer la arena, vamos mejor al desierto.

La alcachofa, Talsa tiene cultivos en Junín, ¿fueron los primeros en llevarla a los Andes?

No, el mérito es de los agricultores de esas zonas. Fuimos atraídos por esas tierras (el valle del Mantaro) por la cantidad de agua que existe, si se utilizara ahí el sistema de riego como el que tenemos en Chavimochic sería fabuloso, así como por la experiencia que habían adquirido los campesinos en esta clase de cultivos.

¿Porqué no lo hicieron en los Andes liberteños?

La tierra está muy dividida, los agricultores no están organizados para formar alianzas estratégicas. Además la dotación de agua es mucho más pobre que en el valle del Mantaro

Gracias a su experiencia en la sierra ¿que opinión tiene del Plan Sierra Exportadora del gobierno de Garcia? Usted lo estaba desarrollando.

Bueno, lo hicimos junto con otras empresas de manera corporativa y dentro de las zonas de influencia que tenemos. Lo que propuso el gobierno del Dr. García se extiendó hacia las zonas más pobres. La sierra tiene un enorme potencial como la industria de la madera. Existe la industria del eucalipto en Brasil, con la cual exportan muebles, ese tipo de negocios se puede realizar en los Andes. Creo que con una tecnología de riego por goteo y lluvia natural, la sierra será un foco de agroindustria.

La trucha es otro gran potencial, tenemos aguas puras, estamos obligados a conservar esos recursos, imagínese todos los Andes peruanos produciendo truchas de alto contenido proteico y de alta calidad, los mercados internacionales preferirán las truchas a peces de un mar contaminado. Hay aquí una oportunidad fabulosa.

Hay un producto andino, la Racacha que es una tuberosa de altísimo valor nutritivo y de fácil digestión para niños y ancianos. Esta planta es un potencial excepcional, ya que el mundo europeo está más habitado por gente mayor que por jóvenes, es una población que necesita alimentos especiales, la Racacha es un tesoro.

“Todos somos fruto de la educación, debo primeramente agradecer a Dios, mis padres o abuelos que nos dieron la oportunidad de la escuela, universidad, nos inculcaron valores que se solo se aprenden en la familia desde muy niños. Nos inculcaron amor al trabajo, a la naturaleza. Dios nos ha dado el poderoso don de aprender y reuniendo a gente valiosa creo que el éxito está asegurado”.

¿Qué opinión tiene acerca de la III Etapa de Chavimochic?

Urgente no es, para hacer las cosas bien hay que hacerlas lentamente, “piano, piano se va lontano”, (despacio, despacio se va lejos) dicen los italianos. No tan despacio pero con mucho profesionalismo, creo que el proyecto culminará cuando el agua llegue al valle de Chicama y pase a las pampas de San Pedro. Pero definitivamente, antes de dar ese paso, urge avanzar Palo Redondo. Sería caótico hacer un canal y llevar agua, en este momento el río tiene 40 a 50 cubos por segundo, solo Chinecas se lleva 30, ¿que nos quedaría entonces?

Luego de lo relatado por Usted ¿Aceptaría que lo llamara “gran innovador?

Le agradezco el término, pero creo que todo humano tiene el don de la innovación. He tenido la oportunidad de ser director del Incare por cinco años, donde la innovación es uno de los valores y de virtudes que nos proponemos: “innovación, creatividad y trabajo”.

Entrevista: Fernando J. Vega
Foto: La República




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