Revista | Open Cultura

Las palabras del muerto

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Por: Luciana Hopkins

¿Cómo que estás vivo?, le dijo Natalia al muerto. Hacía dieciséis años que ella lo creía cadáver confiada en las palabras del hermano menor del finado. Ella lo había querido un montón y él también a ella pero era una relación imposible, de aquellas que las madres las tornan en prohibidas; aquellas que buscan escondites, sombras y árboles donde tallar sus iniciales. El hermano siempre lo detestó porque también estaba enamorado de Natalia pero ella jamas le dio cabida y pues, aprovechando que el «muertito» se había mudado a la capital a estudiar, simplemente le quitó la vida en un accidente de carretera inventado. Sí, el muerto estaba vivo y lo peor de todo era que había resucitado en un momento de susceptibilidad.

Desde que Natalia se enteró que el muerto no estaba muerto han estado en contacto. Ella le ha contado su vida y milagros desde que se distanciaron y él no ha perdido tiempo en decirle que aún sigue enamorado y que en todos estos años había guardado la esperanza de algún día encontrarla y que ahora que lo ha logrado no va a dejarla ir. ¿Perdón?. El muchacho sabe por labios de la propia Natalia, que para hoy ella es una mujer casada y por lo tanto imposible. Ella es una esposa fiel, leal, trabajadora, que ama a su familia, a su marido y a sus hijos. Pero al muerto parece no importarle. No muestra respeto alguno por Natalia y su nueva vida. Sólo se dedica a hablar y hablar y hablar. Cosa peligrosa porque a las mujeres nos gusta tanto escuchar, escuchar y escuchar. Especialmente cuando nuestros oídos no han sido alimentados en años. Es en esos momentos cuando las palabras juegan su papel seductor. El muerto sabe cómo mover la lengua y cómo articular palabras con las que Natalia se esta dejando envolver. Se siente la más afortunada porque hay alguien que le está hablando en el oído cosas que no había escuchado desde que su marido la afanaba. ( Plop)

muerto

Hace más de diez años que su consorte no le dice cositas bonitas. Natalia sabe que él la quiere, pero ya no la enamora y ella se queja constantemente de esta carencia. Yo la entiendo, pues a una le gusta escuchar de su esposo, demostraciones de afecto. Qué linda eres mi amor, Me gustan tus ojos, Siempre fuiste la única, Salgamos a comer… entre otras. Su marido taxéa todo el santo día para llevar los frijoles a la casa y ella también hace lo suyo; cocina, lava, plancha, cría a los hijos y además tiene otro trabajo porque lo que deja el taxi no es suficiente para enviar a los niños al colegio. Ambos sacan adelante a su familia con el sudor de su frente. ¡Bien por ambos!. Pero en ese ir y venir mucho se ha dejado de lado el romance que debe existir permanentemente en el matrimonio. En las buenas y en las malas.

El muerto no tiene nada de tonto. Por el contrario es bien vivo. Poquito a poco se va metiendo más en la vida de Nati y ganándose otra vez su amistad. La llama por teléfono cada vez que ella tiene un momento libre, le envía innumerables textos, quiere verla en el chat. La acosa sin ella darse cuenta. A Natalia le gusta escuchar los piropos del muerto; dice que se siente viva y créanme que se le nota en la cara. Se le ve más radiante, se arregla mejor, se ha puesto a dieta, va al gimnasio, se siente atractiva, sonríe de la nada y todo porque las palabras del muerto la han despertado. Por supuesto que para ella esto no es acoso, como tampoco cuando nuestro “muerto” le dice que la irá a visitar en unas semanas. ¿Qué, qué?. Natalia se quiere caer de espaldas. Todo estaba bien teniéndolo lejos, pero el hombre ya tiene pasajes comprados y la compromete a encontrarse a escondidas. Natalia se deja comprometer porque naturalmente siente mucha curiosidad. Cuando llega el día del encuentro su conciencia se hace presente por unos minutos y piensa -por dos segundos- en no asistir. Pero la tentación es mayor. Después de todo qué de malo tiene verse con su amigo, ex enamorado que no estaba muerto. Entonces se envuelve en su pashmina color púrpura y se dirige en un taxi al muelle de su playa preferida, donde se han citado. El tipo le ha llevado flores, una tarjeta y un peluche. Cuando la ve le dice : Natalia, ¡Estas hermosa! y se acerca a olerle el cabello, le coge la mano, se arrodilla y sigue hablando más cursilerías. Ella se ha quedado muda y sólo sonríe nerviosa. ¡Se quiere morir!.

Me ha confesado que aquél día, fue débil y consintió un beso pero el ósculo, le dejó un mal sabor en la boca. El muerto debe volver a morir y esta vez ¡lo mataré yo!. (me dice Nati obviamente en sentido figurado). Estoy segura que el amor en el matrimonio de mis amigos está aún presente aunque los conflictos digan lo contrario. Aveces los cónyuges se hieren por no saber identificar el tipo de amor que cada uno necesita y por falta de comunicación. Y eso es en lo que Nati y su esposo van a trabajar desde hoy para que su relación siga creciendo, su amor se fortalezca, ambos se sientan satisfechos y nunca vuelva Natalia a sentir la necesidad de escuchar las palabras de un muerto.

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Investigación en Sechura




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