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LOS FANSTAMAS EXISTEN…

Por Wilder Acosta

Emil Cioran (Răşinari 1911 – París 1995) No pretendo con esta entrada escribir la biografía del mencionado filósofo rumano como tampoco se lo propuso el poeta, narrador y periodista piurano Luis Eduardo García al momento de escribir su primera novela Señor Cioran, ganadora del premio Fundación para la Literatura Peruana en 2015. El también periodista y amigo del poeta, Omar Aliaga, contó que mientras estaban en Arequipa – durante el Hay Festival– disfrutando de su estadía una llamada vespertina anunció el inicio como novelista de su compañero universitario. “La obra de todos modos iba a publicarse, pero, claro, un premio siempre adelanta la fecha”. La novela, ambientada en Trujillo de los 80 y 90, tomó cuatro meses en redactarse.

Luis Eduardo ha publicado seis libros de poesía y dos de cuentos. Trabaja como columnista en La Industria desde 1986, un año después de ganar el VI Concurso Poeta Joven del Perú con su poemario Dialogando el extravío. Él confiesa que en su etapa universitaria solo había leído los aforismos del príncipe del pesimismo. De sus libros supo después: En las cimas de la desesperación, Ese maldito yo, Del inconveniente de haber nacido, Breviario de la podredumbre, El ocaso del pensamiento, por citar algunos. No es la primera vez que el referido poeta cita al filósofo rumano. En el suplemento Enfoque del diario donde labora una vez –un domingo, exactamente– escribió una columna acerca del homenajeado pensador en su novela.

Desde El Quijote de la Mancha del español Miguel de Cervantes Saavedra se aprecia historias paralelas en la literatura. Este estilo narrativo es del agrado del Luis Eduardo, por eso es que Señor Cioran desarrolla cuatro historias en paralelo, que en un momento dado se relacionan. La primera: la relación escabrosa entre un informante del Servicio de Inteligencia Nacional con una exsubersiva convertida en prostituta. La segunda: el drama de un grupo de idealistas que quieren cambiar el mundo, pero la situación es contraria, el mundo termina cambiándolos. La tercera: la crisis existencial de un aspirante a poeta que traiciona a sus amigos revolucionarios y termina suicidándose. La cuarta: el amor entre un periodista innominado y la mujer de su juventud. El docente Domingo Varas Loli resaltó –y estoy de acuerdo– que la obra cumple con transportar al lector al mundo de la ficción, de sacarlo de la cotidianidad e introducirlo en una suprarrealidad.

Señor Cioran ha sido leída y comentada por reconocidos escritores peruanos como Ivan Thays, Fernando Ampuero y Alonso Cueto. Pero, ¿y qué participación tiene Emil M. Cioran en la novela? El filósofo que no quería ser filósofo es el fantasma que atraviesa las 216 páginas. Por lo menos en la literatura puede afirmarse que los fantasmas existen, pues Cioran aparece con sus citas –“Cuando uno no puede librarse de sí mismo, se deleita devorándose”–, es el héroe literario del Poeta, es el santo y seña de los insurrectos escondidos. Su pensamiento es usado como método de anclaje a la realidad. Al final el rumano recuerda que la vida es un sinsentido, y que por más que uno se esfuerce para cambiar el mundo no será posible, porque nada tiene significación importante para el ser humano. La novela se caracteriza por “una prosa nerviosa, diálogos tensos, vuelo lírico y deslumbrantes atisbos de la condición humana”, comenta Fernando Ampuero. Recomendable.




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