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PINTORES, HAGAN COMO MACEDONIO

Un texto de Wilder Acosta

Ingreso al inmueble ubicado entre las calles Independencia y Almagro y me imagino al ‘poeta de poesía arrugada’, César Vallejo, dictando sus clases entre 1913 y 1914. Dicho espacio en ese tiempo funcionaba –nada más y nada menos– como el Centro Escolar Nª 241 Pedro M. Ureña, conocido como ‘Centro Viejo’ ¿Cuántas travesuras habrá soportado, nuestro ‘cholo’? ¿Algún alumnito suyo habrá leído su poesía? Cómo saberlo. En la actualidad casi ningún profesor de secundaria sugiere a sus alumnos la poesía de Vallejo, más bien recomiendan los banales libros de autoayuda. Ahora el ex Centro Viejo ha pasado a ser la Casa de la Identidad Regional. La infraestructura hace poco inaugurada mantiene el espíritu colonial del Centro Histórico. Lo único triste es que las huellas y los recuerdos de nuestro poeta quedaron sepultados con las baldosas nuevas.

Ya en el ex Centro Viejo no se imparten clases. Las aulas ya no son aulas. No hay carpetas ni tizas ni pizarras. Solo se puede observar alumnos y profesores por los pasillos durante un recorrido cultural y de entretenimiento. Es que desde 2015 el ex centro estudiantil funciona como epicentro de reuniones colectivas cuyo fin es aportar a la cultura de cada individuo. Para ello cada cierto tiempo hay eventos basados en el artículo 2 inciso 8 de la Constitución Política del Perú. Hace más de un mes hubo una exposición fotográfica sobre la vida y obra de quien fuera –como dice en la placa a la entrada de dicho espacio– preceptor a inicios de la segunda década del siglo veinte.

Como la naturaleza se expresa de diferentes formas mediante el tipo de arte, y el arte es amplio y costoso para exhibirse de manera itinerante, hasta el 13 de setiembre la Casa de la Identidad Regional ofrecerá una muestra pictórica denominada ‘I Salón Binacional de Artes Plásticas Perú-Ecuador’ en sus más de diez salas ubicadas en su primer piso. Curiosamente cuando entra al recinto observa una maqueta del mismo en una sala específica, y al acercarse uno imagina que observa su caminar desde lo alto como lo haría una cámara de seguridad. Puede usted iniciar su recorrido por la dirección de su preferencia: izquierda o derecha. Si opta adentrarse por un momento a conocer el oficio que desempeñaba el maestro cajabambino José Sabogal –posible autor de la llama en la caja de fósforos– verá preciosos cuadros cuyo valor significativo es mucho más que su precio en dólares.

En dicha muestra inaugurada el último 11 de agosto podrá ver poco menos de 150 cuadros. Por ejemplo, ‘No deforestación’, del artista limeño Ángel Suárez Vilela, es un árbol cuyas primeras hojas simbolizarían corazones encendidos. El guía que allí encontré explicóme que cada hoja de marfil representa los valores de la persona. “Es el árbol de la vida cimentado sobre el amor, que son las hojas rojas, enfrentada a un ambiente incierto, representado por el fondo negro”. ‘Magdala’, de la trujillana Guliana Holguin Burgos, simboliza una mujer velluda de cabellera larga que da la espalda y consigo tiene un libro antiguo en las manos. Podría ser la biblia.

Al igual que el trovador Joaquín Sabina puede haberse inspirado en María Magadalena, a quien la biblia presenta en sus versículos como seguidora de Jesucristo. En “La tumba de la familia de Jesús,” (el documental de televisión de Discovery Channel) el director Simcha Jacobovici afirma que hay “evidencia” de que Jesús y María Magdalena ciertamente estaban casados y tuvieron un hijo llamado Judá. También hay algunos basados en mitologías de la selva como ‘Runamula’ y ‘Escapatoria’ del loretano Clemente Pacaya Ahuani. Según la creencia popular, la runamula, que es vista después de medianoche los martes y viernes, es una mujer viva, pecadora, convertida en briosa mula por el diablo para castigarle en forma brutal y despiadada.

Al despertar, la mujer no recuerda nada pero siente el cuerpo adolorido. ‘Atrapados en la red’, del chepenano James Suárez Benítez, muestra a los aparatos tecnológicos como el eje principal del quehacer diario de un ser humano, incluso en su desempeño laboral. La obra grafica a dos policías siameses enganchados a un teléfono móvil mientras un hombre yace agonizante en la calzada. Si quiere evocar su infancia le sugiero ‘Baile del trompo’, del chiclayano Eduardo Vásquez Niño, que manifiesta todas las situaciones en cuanto al ‘zumbayllu’, como lo llamaría José María Arguedas.

El amarre del trompo, la ‘emparada’ en la mano, el echarlo al aire, el apunte para rajar otro trompo. Así como la típica chapa de gaseosa atada a un nudo. Los ecuatorianos también tienen obras particulares. Adriana Jaramillo Vélez muestra ‘Tu luz y sombra’, cuya técnica resalta porque la casona antigua de barro parece no haberla pintado sino fotografiado. Franco Correa presenta ‘Lluvia, limpia mi angustia’. Desde el término poético ya suena interesante.

No solo destacan obras pictóricas sino también esculturas de fibras de vidrio. El trujillano Héctor Suárez García presenta Hemos de recordar que un palenque era el lugar inasequibles que servía de refugio a los negros cimarrones. En el Perú las ciudades mismas sirvieron como zonas de refugio. El vocablo –cimarrón– se aplicó en la América colonial para designar al esclavo indio o negro insurrecto frente al sistema de servidumbre y opresión sometido por su amo.

El trujillano –exalumno del maestro Joselito Sabogal, nieto de José Sabogal– Óscar del Águila Zurita propone una obra interesante: el cuadro utilitario. “Normalmente los cuadros son ornamentales; en esta muestra yo propongo un cuadro que sirva, por ejemplo en este caso, para colgar unas toallas”. Zurita expone en un muro adyacente al jirón Independencia dos cuadros: uno para baño de varones y otro para baño de damas. ¿Cómo lo notamos? En uno, el artista trujillano pintó un pene cuyos testículos contienen una especie de tablero de ajedrez. En el otro, la mitad de una manzana invertida que hace referencia a una vagina. La semejanza radica en los materiales caseros que utilizó para realizarlos, ya que solo fue necesario comprar la pintura.

Uno de los pintores jóvenes, admirador de Joan Miró, Marc Chagall y Guma Alvites, que considera un honor participar de esta muestra entre grandes maestros peruanos y ecuatorianos es el cartavino Marco Tenicelo Carrillo. Hace ya siete años el guía que allí encontré –era él– se dedica al oficio que desempeñó Van Gogh. Con un tonillo pueril me comentó que su obra pintada en dos semanas acoge la técnica naif (infantil). “De modo ingenuo, por la técnica, pinté dos bailarinas morenas colgadas como trapecistas. Unos niños montados en un pez gordo. Y la naturaleza debajo de ellos. Lo pinté en mi casa ubicada en Cartavio.”. Tenicelo aún no comparte la idea de ponerle un precio al producto de su talento, pese a que las ‘bailarinas morenas colgadas como trapecistas’ sean su decimoquinta obra. Tiene 29 años; y si todas las personas tienen un talento escondido como refiere un pasaje bíblico, el suyo hace ya tiempo que fue descubierto y es la pintura.

Hay más de un centenar de cuadros. ‘El abrazo del renaco’ (mujeres abrazadas adheridas a un árbol) del trujillano Juan Zavaleta Rodríguez. ‘Refugio ¿dónde estás?’ (simula la torre invertida de una catedral) del sullanero Antonio Peralta Lozada. ‘Traje de soledad’ (posiblemente mujer desnuda en tacones entre pinceladas chorreadas) de la arequipeña Haidy Jannina Trujillo Castro. ‘Sacerdotizas’ del chiclayano Eduardo Vásquez Niño. ‘Namu’ y ‘Mujer’ (parece haberse dibujado no pintado) del trujillano Neptalí Quezada Alvarado. ‘La primavera nació una tarde de invierno’ del cajamarquino José Aranda Toribio. ‘Una oración al mañana’ (un toro o una vaca en pijama rezando) de la trujillana Ana Lucía Solorzano Yupanqui. ‘Ancla 02’ (siluetas de Alonso Quijano, ‘Don Quijote de la Mancha’, y Sancho Panza) de la ecuatoriana Rina Elizabeth Guamán Aldaz.

Las técnicas empleadas por los artistas de ambas nacionalidades son ‘Óleo sobre lienzo’, ‘Tinta offset’, ‘Mixta’, ‘Resina natural sobre lino’, ‘Acrílico sobre lienzo’, ‘Mixta sobre tela’, ‘Óleo sobre luz’, ‘Lápiz’, ‘Mixta con acrílico, óleo, lápiz sobre tela’, ‘Fotografía’, ‘Papier mache y argamasa’, ‘Mixta sobre madera’, entre otros.

Pero hay una técnica que los artistas peruanos y ecuatorianos de esta muestra no han utilizado. Pintores, hagan como Macedonio de La Torre. Apliquen el método expeditivo para vender sus pinturas. Luis Enrique Tord cuenta que el día que el ex ‘niño rey’ inauguraba su muestra visitó a numerosos parientes y amigos que constituían el boato de la época. Al saludarlos les pidió sus tarjetas personales. “Para sorpresa de todos ellos, cuando llegaron en la noche a la inauguración de la exposición se encontraron con que sus tarjetas las había colocado Macedonio en cada uno de sus cuadros, indicando que se habían vendido a los propietarios de cada esquela…” Ustedes podrían hacerlo con las tarjetas de las autoridades regionales y locales. Muchos de ellos se jactan de promover la cultura y apoyar el arte. Es hora de basarse en hechos. Pintores, hagan como Macedonio.




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