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¿POR QUIÉN DOBLAN LAS SOTANAS?

Nota publicada por mis 25 años ejerciendo periodismo ¿POR QUIÉN DOBLAN LAS SOTANAS?

Por: Luis Bahamonde
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Era el año 1990 cuando el “fujishock”, la herencia hiperinflacionaria de Alan y el terrorismo de Sendero, pusieron en ese entonces al Perú en la situación conflictiva ya que por todas partes se destilaba terror.

Este contexto me obligó a abandonar la carrera de Derecho que cursaba en la Universidad de Lima, para ser sincero, estudiar Derecho fue ilusión de mi familia, yo pasé más tiempo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Ya había publicado mis primeros poemas y ganado algún concurso, por lo que era inevitable mi verdadera vocación.

Entonces, me puse a buscar chamba, avisé a todos mis conocidos para ver si tenían algo para mí; de repente un amigo, que ya hacía sus pininos en Caretas, me llamó. Zileri le había dicho que necesitaba un corresponsal en Trujillo y mi amigo me había recomendado, diciéndole que yo tenía amplia experiencia en medios escritos, algo que era mentira. Viajé de inmediato y en la breve entrevista con Zileri me dio la mano y dijo: “no me interesa que hayas sido corresponsal del Washington Post, envíame un reportaje que tú creas bueno, exclusivo, de cualquier tema, si es bueno te contrato, si es malo ni me vuelvas a llamar”.

Regresé a Trujillo a buscar una historia de la talla de las publicaciones de Caretas, hasta que en un diario local encontré un titular que decía: “BOTAN A CURA BENITES DE HUANCHACO”. ¡Eureka! Esa era mi nota.

El cura Rufino Benites Vargas era todo un personaje en Trujillo, canónigo nacido en la sierra trujillana, profesor de Religión en secundaria, periodista colegiado, músico y tenía también una fama de mujeriego. El aprecio trujillano hacia el cura Benites se debía a la rapidez con la que realizaba las misas y las ceremonias de casamiento o bautizo en el lugar en donde mejor le pareciera a usted, la de un cerro si así lo quería.

La cuestión a averiguar era ¿Por qué lo habían botado de la iglesia de Huanchaco?. Nunca había hecho una nota periodística, menos un reportaje o una crónica, pero conocía perfectamente el estilo que manejaba Caretas.

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Al cura Benites lo habían echado, básicamente, por pedófilo. Las monjas que dirigían el colegio Dean Saavedra, lo acusaron de manosear a las alumnas niñas de cuarto y quinto de secundaria cuando las confesaba una por una. Esto llegó a oídos de los pobladores que inmediatamente fueron en busca del Padre, pero este escapó.

Al entrevistar a los huanchaqueros, estos lo acusaron de fraude. Al parecer, el Cura se había quedado con donaciones que diversas instituciones realizaron para la reconstrucción de la Iglesia, después del terremoto de 1970. Además, don Manuel Prado Pérez Rosas, Obispo de Trujillo, me confirmó que las partidas de bautizo firmadas por don Rufino a varios alumnos, no tenían valor y debido a esto ellos no podían matricularse en el colegio Claretiano.

Era momento de visitar a don Rufino para que me diera sus descargos, él me escuchó pacientemente y simplemente me dijo “en Caretas son mis amigos, no sacarán nada”, acto seguido me tiró la puerta en las narices.

El trabajo estaba hecho, con fotos, pruebas y testigos, me eché a redactar y terminé mi reportaje, lo envié por agencia un miércoles 16 de octubre de 1991, Marco Zileri era el encargado de regionales, me dijo que esperara la edición del 21-10, si veía mi nota publicada estaba contratado, si no la veía ya sabía que mi carrera de periodista había tenido un abrupto final.

El lunes 21 me acerqué a primera hora al kiosko y luego a librería Ideal, pero no encontraba ningún ejemplar, al preguntar sobre la revista la vendedora respondió nerviosa: “el Cura Benites ha venido y se ha llevado toda la edición, pero si quiere leerla he sacado copias, se la dejo a un sol”. Aún confuso, leí la copia y me di con la sorpresa de que TRES páginas contenían reportaje, inmediatamente me llamó Marco Zileri y me dijo: “compadre, estás contratado, nunca habíamos vendido la edición en la primera media hora de venta, rompiste todos los récords, tú pon tu sueldo, ¿cuánto quieres ganar?”. Acababa de convertirme en periodista… claro que no le dije que el cura era quien había comprado toda la edición. Me enteré también que muchos empezaron a buscar a quien había firmado la nota, para darle una lección, afortunadamente había firmado con seudónimo, Andrés Morley.

Eso ocurrió exactamente hace 25 años, hoy el periodismo es otro, aunque mi formación es autodidacta, aprendí de la vieja escuela, aprendí a sentir el periodismo como una pasión y una misión, aprendí a ser periodista las 24 horas, aprendí a no creerme nada, a desconfiar, a dudar, a investigar, a entrevistar, a narrar y sobre todo a no creerme el Gran Censor, simplemente a convertir el periodismo en una herramienta de apoyo de la sociedad. Las nuevas tecnologías y las nuevas plataformas mediáticas imponen nuevos retos y los cambios son tan rápidos que ni bien terminas de aprender algo de repente ya estás desfasado. Lo que viene es revolucionario y apasionante, esperamos estar en el centro de ello.

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