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Cine peruano

El inicio de una industria

Por: Lorena Celis Ilustraciones: Noelia Moreno

Si bien existe un constante debate respecto a la crítica del cine comercial peruano, es importante reconocer que este ha desarrollado un fenómeno único: El consumo masivo del cine nacional. En la última década, la industria cinematográfica peruana ha crecido considerablemente; cada vez son más grandes las producciones, más altos los presupuestos y mayores las cifras de audiencia. Este fenómeno, abrió las puertas a un cine independiente que, finalmente, está obteniendo reconocimiento tras una larga trayectoria en las sombras. Podríamos analizar la situación actual de la industria cinematográfica peruana, pero deberíamos empezar por preguntarnos ¿cómo llegamos hasta aquí?

La historia del séptimo arte en el Perú inicia con la primera exhibición de cine realizada en Lima el 2 de enero de 1897; esta exhibición fue gracias al vitascopio patentado por Thomas Alva Edison y traído a nuestro territorio por los señores C. J. Viquain y W. H. Alexander. En aquel tiempo, nuestro país, desmoralizado y en banca rota a causa de la guerra del pacifico, inició su proceso de reconstrucción junto a la llegada del cine.

Además del vitascopio, Edison inventó el fonógrafo; ambos inventos se instalaron cerca con la finalidad de acompañar las imágenes con música. La aristocracia limeña fue la primera en disfrutar de las proyecciones y las imágenes que observaron eran paisajes de otros países. Cuentan los cronistas de aquella época que tanto ellos como los espectadores salieron gratamente fascinados por lo que habían visto. Fue la primera vez que pagaron por asistir a un espectáculo cinematográfico, pero no sería la última.

Con el tiempo, las funciones llegaron a todos los sectores sociales gracias a exhibidores ambulantes que adquirían los aparatos y los transportaban recorriendo cada provincia del país. Esto generó en el público el hábito de ver espectáculos cinematográficos con mayor frecuencia, haciendo un nuevo negocio de ello.

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Las primeras vistas fílmicas del Perú eran obra de diversos biógrafos ambulantes, fueron de tipo documental y registradas anónimamente en 1899. El 23 de abril del mismo año, el Teatro Politeama de Lima presentó un espectáculo denominado “Estereokinematógrafo”. En este se proyectaron veinte vistas móviles, entre las que se encontraban: La Catedral de Lima, Camino a la Oroya y Chanchamayo. Estas fueron las primeras imágenes de la geografía peruana registradas por un aparato cinematográfico y fue así como se inició un periodo de gran actividad en el campo del registro documental de paisajes, ceremonias, fiestas, ritos, obras públicas, labores de colonización y evangelización.

En 1922 se estrenó “Camino a la Venganza”, un drama filmado por Luis Ugarte y considerado el primer largometraje argumental peruano. Éste reflejaba la contradicción entre la vida rural (más sana y tranquila) y la vida de la capital (llena de peligros) y el cine la retrató en su afán de mostrar la realidad social con hechos cercanos al público. Dicho argumento sería frecuente en adelante.

El cine peruano ha desarrollado, a lo largo de su historia, problemáticas económicas, políticas, sociales y culturales. Motivos que fueron determinantes en la desaparición y reaparición de la industria nacional y que moldearon un cine que nunca fue ajeno a sus raíces. Si bien aún queda mucho camino por recorrer, cuando de cine nacional se habla, es importante conocer sus inicios, repasar su historia, analizar el camino recorrido y reconocer su influencia en lo que vemos hoy en día.

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