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CUATRO PATAS

EN PALABRAS DE CUATRO PATAS
maría fernanda
Por: María Fernanda Sánchez Diseño:Fernanda Neyra

El mundo ha cambiado, mi rutina ha cambiado y mi humano también. Los días se siguen repitiendo uno tras otro y ya no hay más paseos a las calles de la ciudad en horas repentinas. Las tardes en el parque de la cuadra en donde solía caminar a lado de mi compañera de aventuras, quien sostenía la cuerda que nos mantenía juntos, también se acabaron.

Suelo ver por ratos cortos a la gente pasar por la ventana de la casa, todos han cambiado su apariencia en algunos pocos días y ahora solo suelen mostrar sus ojos a la vista de los demás. En estos días, escucho una melodía muy particular pasar con mucha prisa de acá para allá, intento perseguir el sonido con dirección a la puerta principal, pero todo está cerrado y con ello, también mi libertad.

Aún no comprendo qué está pasando afuera de lo que he llegado a llamar hogar, pues antes, la gente se acercaba a acariciarme, juguetear conmigo y a charlar un poco con mi humano y ahora solo buscan alejarse de nosotros. Solo salimos a pasear a la puerta y nuestra única conexión con el exterior es a través de ese frío ventanal que nos aísla de un mal que nadie puede ver.

Por las noches se escuchan lo aullidos de algunos de mis compañeros de la calle, aquellos que no pueden disfrutan de un hogar con cálidas mantas en el piso o de una abundante comida al despertar, pero más que esas comodidades, no pueden recibir un poco del cálido amor que algunos de los humanos están dispuestos a darnos. Los sórdidos lamentos de quienes no son privilegiados a causa del rechazo humano y el miedo a lo desconocido de un amor leal.

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Es difícil poder percibir quién o qué es el mal que acongoja a toda la gente que solía transitar a diario, pues no dio aviso alguno y tampoco posee rostro que lo represente. Apareció un día cualquiera y sin previo aviso instauró miedo en cada uno de los pasajeros de la veredas, hizo llorar con mucho desasosiego a quienes no creían en su poder.

Horas y horas pasan de momentos de la vida que se marchan sin mirar atrás, mi única y nueva felicidad es acompañar a mi humano en el regazo de su cama, quien se la pasa observando algunos días a los rayos de sol que predican esperanza y otros a una fría pantalla de metal que lo distrae de su realidad de manera momentánea.

Fue muy divertido al inicio, cuando podía ver su alegría y la mía por compartir más tiempo juntos, pero ahora solo hay preocupación. Sé que los humanos no lo dicen, pero tienen miedo de este nuevo mal, mi humana suele hablarme y aunque no entiendo mucho de lo que dice sé que quiere que me quede a su lado.

Qué poco dichosos son aquellos que no tienen a algunos como yo en sus hogares para que sin pedirlo, puedan darles un poco del amor que tenemos. Es nuestra manera de aportar a que ese miedo desaparezca, no es mucho, pero es muy difícil de conseguir en estos tiempos. No sé cuánto durará esta nueva vida que tenemos, solo sé que cuando pase, nada volverá a ser igual, pues creo que los humanos podrán valorar un poco más de lo que tanto se quejaban, así como de aquello que se quejan ahora y no podrán tenerlo cuando todo vuelva a la normalidad.

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