Revista

ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO

“El pasado 1 de noviembre no fue sólo el día de los muertos, aún se mantienen costumbres y tradiciones…”


Por: Erick Aquino Montoro (Fotógrafo, Realizador Audiovisual y Consultor en Ecoturismo).

El tema de la muerte, sus misterios, reflexiones, dudas, discusiones y debates, continúan presentes en lugares con arraigo histórico, donde la cosmovisión costeña y andina se han fusionado, creando costumbres que se mantienen de generación en generación, siendo una de ellas el culto a los difuntos.

Uno de esos lugares se encuentra a tan sólo 45 minutos de nuestra ciudad, en el pueblo de Virú. Allí todos los 1 de noviembre, de todos los años, se mantiene un peculiar culto en torno al cementerio, que al mismo tiempo es una huaca, la huaca Santa Clara, denominada también “Aia Paec”.

La Huaca Santa Clara o “Aia Paec”
El sitio Huaca Santa Clara (también conocido como Castillo Santa Clara o Castillo de Virú, o Huaca “Aia Paec”) se ubica en la cima del Cerro Cementerio en la margen sur del río Virú, valle medio. En él se localiza un asentamiento prehispánico (200 AC hasta 800 DC), que comprende un montículo piramidal, algunas plataformas y un cementerio. El Cerro Cementerio está localizado aproximadamente a 50 metros al este del pueblo de Virú.

Según algunas investigaciones como las de Gordon Willey (1953), la Huaca Santa Clara debe haber sido parte de la red administrativa del Valle de Virú durante cierta época, sin embargo, hasta el día de hoy, a parte de un reconocimiento de superficie en los años 1940, y los estudios de las secuencias de ocupación que se realizaron el año 2003, no se ha emprendido trabajo mayor sobre este sitio arqueológico.

La Tradición
La costumbre de seguir enterrando a sus muertos en la huaca y rendirles culto obedece a la raigambre heredada de la parte alta del Valle de Virú, donde se dice que este tipo de lugares fueron escogidos por sus ancestros por razones de salud, así como por ideas tradicionales relacionadas a los muertos. Los sitios altos constituyen un buen lugar para entierros recientes porque de esa manera se evita la posible contaminación de las tierras de cultivo en las zonas bajas. Por otro lado, se considera que los muertos requieren de estar en lugares bien aireados, donde no les golpea demasiado el sol y donde puedan mantenerse frescos durante el día.

En este día nadie escatima los gastos tratándose de su familiar, retocan la pintura, reescriben el nombre del difunto, apuntalan alguna cruz, limpian los nichos, y a medida que va pasando el día las familias portan coronas, arreglos florales… y allí encontramos a lo pobladores, ofreciendo chicha, cerveza, cánticos, o degustando potajes que han preparado para la ocasión, … brindan con sus difuntos,…, algunos están en silencio, otros sollozan, mientras que los más alegres ofrecen música; una tradición que busca rendir culto a los muertos, o tal vez con esa esperanza de establecer una conexión entre la tierra y el cielo.

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