Revista | Open Cultura

La economía y su naranja

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) denominó “economía naranja” al sector de las industrias culturales y creativas. Y naranja porque este color se asocia con la cultura, la creatividad y el entretenimiento, según el libro de Duque y Buitrago (2013).


Por: Ana claudia Tolentino Ilustraciones: Nohelia Moreno

La economía naranja agrupa a las actividades productivas donde las ideas creativas se transforman en bienes y servicios con un valor agregado protegido bajo los derechos de propiedad intelectual. Podría decirse que la cultura, la innovación y la creatividad son las materias primas de esta economía y que, al transformarlas, se obtienen productos, capital, fuentes de trabajo y progreso científico y tecnológico. Las actividades implicadas en el sector cultural y creativo son: Diseño y arquitectura, publicidad, software, artes, cine, editorial, radio, TV, videojuegos, moda y música.

En el Perú, según cifras oficiales el 2,7% del PBI corresponde a la industria creativa y cultural. Sin embargo, aún no se reconoce todo el potencial que esta industria puede implicar para el desarrollo económico, por lo que resulta pertinente que se le de la importancia debida.

Los peruanos somos conocidos por nuestra creatividad y si a esto, se le suma la innovación se estarían sentando las bases para desarrollar un sector próspero. Lo que está frenando un poco el desarrollo de esta industria es que muchas veces los negocios creativos carecen de un plan estratégico y es bien sabido que el talento no siempre es suficiente. Por otro lado, la informalidad hace que sea más difícil obtener financiamiento.

Generalmente cuando de apoyo estatal se habla, este va para los principales sectores que mueven la economía como minería, manufactura, etc., mas no para la cultura, pues se le considera un tema secundario. No obstante, recién se está valorando el tema artístico y cultural y poco a poco se erige como una industria importante en el Perú que también impacta el PBI, genera trabajo, tributa y significa un impulso para la economía del país.

Como parte de una diversificación productiva, el hecho de enmarcar a las industrias creativas y culturales dentro de la economía naranja, permitirá conocer su participación, necesidades y contribuciones para estudiar su comportamiento y crear políticas de apoyo al sector que permitan aprovechar el potencial que aún no está explorado. Se necesita obtener datos confiables y actualizados para realizar proyecciones pertinentes en dicho sector. También ayudará a gestionar mejor las crisis económicas globales que puedan venir en el futuro y sobre todo cuando una crisis tiene un mayor impacto en un sector específico, como ha ocurrido durante la actual pandemia del Covid-19.

La tendencia global señala que la demanda de la producción creativa y cultural se incrementaría en los siguientes años, por lo que invertir en el sector “naranja” podría tener un buen rendimiento.
Esperemos que pronto la economía naranja se consolide en Perú y que tenga apoyo de las políticas públicas. No se debería ignorar el empujón que el desarrollo de ideas generará en la economía, más ahora que el país necesitará de todo para superar la crisis que nos dejará la pandemia.

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