Opinión

Peruanada futbolista

En nuestro estado peruano, la identidad nacional siempre ha sido uno de nuestros aspectos menos trabajados. La falta de logros internacionales como hechos heroicos y la gran diversidad étnica y cultural serían factores que han ido debilitándola. Dividiendo a la población en sectores que no necesariamente son solidarios entre si.


Por: Eduardo Beltrán
Foto: elperuchito.com

Aunado a esto, momentos históricos como La Gran Guerra del Pacífico, la centralización del Perú y el terrorismo vivido en la década de los 80, fueron y seguirían siendo factores que dieron a nuestra población, una identidad nacional precaria para nuestro ahora.

Como nos dijo el historiador Gerardo Álvez en una entrevista con el medio El Comercio, el futbol, aquel deporte de calzado y balón, no sería introducido a nuestra nación, hasta alrededores de 1872 o 1873, redefiniendo nuestro concepto de identidad nacional, de forma paulatina, pero audaz; mismo que sería introducido mediante las embarcaciones británicas al puerto del Callao, que llegarían con algunos de nuestros estudiantes peruanos en el Reino Unido.

Misma arte en la cancha, en un principio, sería practicado con regularidad en la alta esfera social y más adelante se convertiría en un deporte en todos los sectores sociales y económicos de nuestro país. Por lo mismo de existir, en aquel entonces, pocas exigencias para su práctica, se convirtió en un deporte popular y menos elitista; poco a poco popularizándose en las escuelas y liceos de antaño, infiltrándose en las comunidades y lugares de trabajo, calando en nuestros corazones y convirtiéndose tal unísono nacional.


Derechos de imagen: Los albores del fútbol en Lima, cancha el club de Lima Cricket, 1910. Revista Variedades

Ahora se sabe que el potencial académico del futbol se basaría en parte en su capacidad para representar simbólicamente la lucha entre dos pueblos o comunidades para resolver situaciones de dominio y dominación. Convirtiéndose en un debate tan antiguo como la humanidad misma; mas rescatando su valía en que se jugaría bajo una democracia plena.

Con esto entendemos que sería una competencia en igualdad de condiciones, sin privilegios ni herencias ni castas hereditarias que determinen el resultado final. Con igualdad de condiciones que explican el entusiasmo general que ha suscitado el deporte en todo el mundo, sobre todo allí, donde salir de condiciones de pobreza y triunfar sin beneficio ni privilegio alguno sería galardonado.

Por tanto, en un potencial analítico de esta representación sería aún mayor si consideráramos a los grupos contrarios en los partidos de futbol como comunidades de aficionados “hinchadas”, considerando la comunidad imaginaria descrita por Benedict en el 83, que propuso un análisis de la comunidad como estructuras culturales imaginadas a lo largo de la historia, unidas por un sentido de conexión e identidad.

Relacionado con esto, diríamos que las comunidades no se distinguirían por lo bueno o lo malo, lo legal o la ilegal de los mismos, sino por la forma y el contenido de lo que la sociedad imagina y co-construye.

Mismo proceso que no puede estar desvinculado de los principales acontecimientos que representan la situación histórica de su población. Sobre todo, donde la victoria pertenece a aquellos que se adentran en el corazón de los equipos contrarios, superan sus defensas y logran marcar el tan anhelado gol nacional.


Foto: wapa.pe

Ahora, citando a Steve Stein, debemos mirar hacia atrás, a las primeras décadas del siglo XX, durante las cuales habría un período de importante desarrollo institucional a nivel de gobierno, la culminación de esta tendencia se podría ver en el régimen de Leguía, mismo régimen que buscó socavar el nuevo partido de masas a través de medidas populistas, que incluían la incorporación del futbol a la estructura institucional nacional, asumiendo por primera vez el papel de organizador y patrocinador de este tan popular deporte.

Aquí también sería que, durante este mandato, se formaría la selección nacional, que jugó y perdió su primer partido en el Campeonato Sudamericano de 1927, en el flamante Estadio Nacional de Lima, que fue cedido por Leguía a la nación peruana en forma conjunta por la sociedad británica para conmemorar el centenario de la independencia. Así, la práctica e infraestructura del fútbol habría sabido conjugar el concepto de estado con los diversos sectores de la población de antaño, hasta la actualidad.

Reforzando en nosotros que estamos en un momento en que nuestro sentido de identidad con nuestro país, la pasión del grito con orgullo por se peruano en medio de una lucha constante, se siente con tanta fuerza que, en todo el mundo, nos conectamos, celebramos al unísono, gritamos y lloramos por nuestra selección al ponernos nuevamente la camiseta y animarlos.

Nos dejan el mensaje, junto con nuestros representantes en la política de que, como buscó Leguía, es tiempo de vibrar por ser una sola nación, una sola voz, una sola hermandad y un solo Perú.

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